La familia de Shin Chan se sorprendió al ver a su hijo riendo y jugando con un pato, pero se alegraron de verlo feliz.
Su padre le advirtió que no debía tirar pan a los patos, ya que no era bueno para su salud. Pero Shin Chan no escuchó y comenzó a lanzar pan al estanque. Los patos se acercaron a él, graznando y nadando hacia el pan.
—¡Quiero alimentar a los patos! —gritó Shin Chan, sacando un paquete de pan de su bolsillo.
—No llores, Shin Chan. Quiero mostrarte algo.
Su familia se apresuró a consolarlo, pero justo entonces, el pato feo comenzó a hablar en una voz profunda y ronca:
Shin Chan se sintió conmovido por la historia del pato y decidió ayudarlo a encontrar más pan para sus amigos. Juntos, Shin Chan y el pato feo alimentaron a los patos y se convirtieron en amigos.